sábado, 10 de marzo de 2012

¡¡Deja al gato en paz!!

En preescolar yo tenía unas actividades extraordinarias perfectas. Salir a la calle a jugar. ¡Qué bien me lo pasaba jugando! Mi madre siempre nos llevaba de paseo por el monte a merendar, al parque,...y ahí aprendía yo las materias más útiles (por aquel entonces).

Por ejemplo, un día de paseo me senté encima de un hormiguero porque no sabía qué era un hormiguero. Me empezaron a picar las hormigas y desde ese día aprendí un rápida lección, bueno mejor dicho, dos; la primera a distinguir un hormiguero, y la segunda a no sentarme sobre él.

Y como esta anécdota otras tantas, como el día que pisé intencionadamente la cola a un "lindo gatito". Ahora todo esto me hace mucha gracia, porque a pesar de las advertencias de mi madre de que dejase al gato en paz, no lo dejé tranquilo hasta que descubrí por mí misma lo que mi madre pretendía hacerme ver.

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